Cuando la inteligencia emocional apareció por primera vez en los medios sirvió para aclarar un gran interrogante: solo un 25% de las personas tiene un coeficiente intelectual alto, lo que no se corresponde con la proporción de personas que tiene un alto rendimiento y éxito profesional. Esta discrepancia hizo tambalear la suposición de que el coeficiente intelectual era la única fuente de éxito. Pero ¿qué es la inteligencia emocional y para que sirve?

Décadas de investigación apuntan a la inteligencia emocional como el factor crítico que diferencia a los líderes del resto del grupo. La conexión es tan fuerte que sabemos que el 90 por ciento de los profesionales con éxito tienen alta inteligencia emocional. 

El concepto de inteligencia emocional, acuñado inicialmente por los profesores Peter Salovey y John D. Mayer y reelaborado posteriormente por el psicólogo Daniel Goleman, se dio a conocer masivamente en su libro Inteligencia Emocional, un best seller traducido a más de 40 idiomas.

¿Para qué sirve la inteligencia emocional?

La inteligencia emocional es la capacidad de entender tus propias emociones y de usar esta información para tu beneficio y el de los demás. 

Las personas con un alto grado de inteligencia emocional saben lo que están sintiendo, lo que significan sus emociones y cómo estas emociones pueden afectar a otras personas.

La inteligencia emocional influye en cómo manejamos el comportamiento, cómo navegamos por las complejidades sociales y cómo tomamos decisiones personales para lograr resultados positivos.

Su naturaleza intangible hace que no te sea fácil saber cuánta inteligencia emocional tienes y qué puedes hacer para mejorarla. Pero lo que sí se ha demostrado es que las personas con alta inteligencia emocional comparten una serie de características. A continuación te mostramos cuáles son.

15 signos de que tienes una elevada inteligencia emocional


1. Piensas en los sentimientos

La inteligencia emocional comienza con lo que se llama conciencia emocional y conciencia social, la capacidad de reconocer las emociones (y su impacto) tanto en ti como en los demás.

La conciencia comienza con la reflexión. Te haces preguntas como: 

  • ¿Cómo afecta mi estado de ánimo actual a mis pensamientos y toma de decisiones?
  • ¿Cuáles son mis fortalezas emocionales?
  • ¿Cuáles son mis debilidades?
  • ¿Qué está pasando que influye en lo que otros dicen o hacen? 


Meditar en preguntas como éstas proporciona información valiosa que puede usar a tu favor.

2. Tienes un amplio vocabulario emocional

Todas las personas experimentan emociones, pero solo unas pocas pueden identificarlas con precisión a medida que se manifiestan. Esto es problemático porque las emociones no etiquetadas a menudo se malinterpretan, lo que conduce a decisiones irracionales y acciones contraproducentes.

Las personas con alta inteligencia emocional dominan sus emociones porque las entienden, y utilizan un amplio vocabulario de sentimientos para hacerlo. Mientras que muchas personas podrían describirse a sí mismas simplemente sintiéndose “mal”, las personas emocionalmente inteligentes pueden identificar si se sienten “frustradas”, “oprimidas” “irritables” o “ansiosas”. 

Cuanto más específica sea tu elección de palabra, mejor información tendrás sobre cómo te sientes exactamente, cuál es la causa y qué debes hacer al respecto.

3. Piensas antes de actuar

Tomarse un momento para parar y pensar antes de hablar o actuar (fácil en teoría, difícil en algunas ocasiones) puede ayudarte a salvarte de momentos embarazosos o de aceptar compromisos con demasiada velocidad.

Si dejamos que las emociones gobiernen nuestras reacciones podemos meternos en serios problemas. Hacer una pausa, a veces, incluso durante unos segundos, puede marcar una gran diferencia en la forma en que reaccionas.

Y antes de descartar esta acción como demasiado simple, recuerda: La pausa es fácil en teoría, difícil en la práctica.

Lo cierto es que normalmente pensamos de manera diferente después de que nos hemos tomado un tiempo para reflexionar.

4. Tienes curiosidad por la gente

No importa si son introvertidas o extrovertidas, las personas emocionalmente inteligentes tienen curiosidad por todos los que les rodean. Esta curiosidad es producto de la empatía, una de las puertas de entrada más importantes a una alta inteligencia emocional. 

Cuanto más te preocupes por otras personas y por lo que están pasando, más curiosidad tendrás por ellas.


Empatía - Inteligencia emocional



5. Te disculpas

Ser emocionalmente inteligente significa que eres capaz de reconocer cuando has lastimado a otra persona y luego ofrecer una sincera disculpa.

Y no sólo te disculpas, sino que realmente haces un esfuerzo por cambiar tu comportamiento.

 

6. Conoces tus fortalezas y debilidades

Las personas emocionalmente inteligentes no solo entienden las emociones, saben en qué son buenos y en qué son terribles. También saben quién presiona sus botones y los entornos (tanto situaciones como personas) que les permiten tener éxito. 

Tener inteligencia emocional alta significa que conoces tus fortalezas y sabes cómo apoyarte en ellas y usarlas al máximo mientras mantienes a raya tus debilidades.

7. Te esfuerzas por controlar tus pensamientos

No tienes mucho control sobre la emoción que experimentas en un momento dado. Pero puedes controlar tu reacción a esas emociones centrándote en tus pensamientos. 

Al esforzarte por controlar tus pensamientos te resistes a convertirte en esclavo de tus emociones, permitiéndote vivir en armonía con tus metas y valores.

8. Dejas pasar los errores

Las personas emocionalmente inteligentes se distancian de sus errores, pero sin olvidarlos. Al mantener sus errores a una distancia segura, pero lo suficientemente cerca como para tenerlos presente, son capaces de adaptarse y ajustarse para el éxito futuro. 

Se necesita una clara conciencia para mantener el equilibrio entre la vivencia y el recuerdo. Vivir demasiado tiempo en tus errores te puede generar ansiedad y malestar, mientras que olvidarte de ellos te lleva a repetirlos.

La clave del equilibrio reside en tu capacidad para transformar los fracasos en semillas de mejora. Esto hará que cada vez que te caigas te vuelvas a levantar.

9. Demuestras empatía

La capacidad de mostrar empatía, que incluye entender los pensamientos y sentimientos de los demás, te ayuda a conectar con los demás. En lugar de juzgar o etiquetar a los demás, te esfuerzas por ver las cosas a través de sus ojos.

La empatía no significa estar de acuerdo necesariamente con el punto de vista de otra persona. Más bien, se trata de esforzarse por entender, lo que le permite construir relaciones más profundas y conectadas.

10. Sabes cómo decir que no (a ti mismo y a los demás)

La inteligencia emocional significa saber ejercer autocontrol. Retrasas la gratificación y evitas la acción impulsiva. Una investigación realizada en la Universidad de California en San Francisco muestra que cuanta más dificultad tengas para decir que no, más probabilidades tienes de experimentar estrés, agotamiento e incluso depresión.

Decir que no es de hecho un gran desafío de autocontrol para muchas personas. “No” es una palabra poderosa que no debes tener miedo de pronunciar. Cuando es hora de decir no, las personas emocionalmente inteligentes evitan frases como “no creo que pueda” o “no estoy seguro”. Decir no a un nuevo compromiso favorece a tus compromisos actuales y te da la oportunidad de cumplirlos con éxito.

11. Alabas a los demás

Todos los humanos anhelan reconocimiento y aprecio. Cuando elogias a los demás, satisfaces ese deseo y creas confianza. 

Todo comienza cuando te centras en lo bueno que tienen los demás. Después, al hablar específicamente de lo que aprecias, les inspiras a sacar lo mejor de sí mismos.

12. No te ofendes fácilmente

Si tienes una comprensión sólida de quién eres, es difícil que alguien diga o haga algo que te enfade. Las personas emocionalmente inteligentes son seguras de sí mismas y de mente abierta, lo que crea una piel bastante gruesa. 

Incluso puedes burlarte de ti mismo o dejar que otras personas hagan bromas sobre ti, porque eres capaz de trazar mentalmente la línea entre el humor y la degradación.

13. No guardas rencor

Las emociones negativas que acompañan al rencor son, en realidad, una respuesta de estrés. Solo pensar en el hecho pone a tu cuerpo en modo de lucha o huída, un mecanismo de supervivencia que te obliga a levantarte y luchar o correr por las colinas cuando te enfrentas a una amenaza. Cuando es inminente la amenaza esta reacción es esencial para tu supervivencia, pero cuando la amenaza es historia pasada, aferrarse a ese estrés causa estragos en tu cuerpo y puede tener consecuencias devastadoras para la salud con el tiempo. 

De hecho, investigadores de la Universidad Emory han demostrado que aferrarse al estrés contribuye a tensión alta y a enfermedades cardíacas. Aferrarse a un rencor significa que te aferras al estrés y las personas emocionalmente inteligentes evitan esto a toda costa.

Dejar ir un rencor no sólo te hace sentir mejor, sino que también puede mejorar tu salud.

14. Haces comentarios útiles

Los comentarios negativos tienen un gran potencial para herir los sentimientos de los demás. Si eres consciente de esto, replantearás las críticas como comentarios constructivos, por lo que el destinatario lo verá como útil en lugar de dañino.

En la mayoría de los casos, la palabra “crítica” lleva una connotación negativa. Piensa en la sensación que recorre tu columna vertebral cuando alguien te dice: “¿Puedo hacerte una crítica?”

Al insertar la palabra “constructiva” antes de la de la palabra “crítica”, cambias la percepción de una palabra que tiene una connotación negativa a un significado positivo y útil: ¿Puedo hacerte una crítica constructiva?

Una vez que has dejado claro que tu intención es ayudar, no hacer daño, estarán ansiosos por poner en práctica lo que tengas que compartir.

15. Aceptas el cambio

Las personas emocionalmente inteligentes son flexibles y se adaptan a las circunstancias constantemente. Saben que el miedo al cambio es paralizante y una amenaza importante para su éxito y felicidad. 

Las circunstancias pueden parecer un poco sombrías cuando no estás de acuerdo con una nueva situación, pero las investigaciones muestran que tener una perspectiva positiva puede abrirnos a nuevas posibilidades y hacernos más receptivos al cambio. 

Si quieres pensar con más optimismo te ayudará hacerte preguntas sencillas como éstas:

  • ¿Qué oportunidades me ofrece este cambio?
  • ¿Cómo me ayudarán estas oportunidades a mí y a los demás? 

La capacidad de adaptarte rápidamente al cambio es, a menudo, una ventaja competitiva. La próxima vez que sientas que te resistes, usa las preguntas anteriores para generar energía para ti y para los demás. 

Toma la decisión no sólo de aceptar el cambio, sino de impulsarlo positivamente hacia adelante. Trabaja a favor, y no en contra, te ayudará a sacar lo mejor de ti, trayendo oportunidades de mayor bienestar y de una vida más satisfactoria.



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FOTO: Andrey Zvyagintsev /Unsplash