Las mujeres han tenido que recorrer un largo camino hasta llegar donde están hoy. Y si bien las conquistas realizadas parecen algo asentado y distante en el tiempo, en realidad tienen apenas una décadas. Unas conquistas que no vinieron libres de cargas, y que obligaron a las mujeres a pagar un precio por hacerse un hueco en el mundo profesional. Pero la conquista aún no ha terminado. Todavía quedan muchos asuntos que resolver. Como el hecho de que las mujeres ganen menos que los hombres o que lleguen en menor proporción a puestos directivos. 

Para ayudar a las mujeres a desarrollar sus habilidades de comunicación y que logren más autoridad y respeto, Teresa Baró, consultora experta en habilidades de comunicación personal y Directora de Verbal no Verbal, acaba de publicar Imparables. En su libro, Baró muestra las herramientas con las que ha ayudado a muchas mujeres a superar sus barreras y a conseguir sus objetivos. Un libro, en el que partir de su propia experiencia, Teresa Baró analiza con total precisión y sin tapujos las dificultades que conlleva ser mujer profesional y cómo se pueden superar.

«Si sabemos manejar nuestra imagen y nuestra capacidad de persuasión e influencia, tenemos mucho más poder»


Pregunta: ¿Cómo surge Imparables: Comunicación para mujeres que pisan fuerte?

Respuesta: Hace muchos años que quería publicar este libro. Desde el momento en que empecé a dar cursos de comunicación para políticos, profesionales y directivos, vi que las mujeres teníamos unas necesidades especiales, porque las situaciones a las que nos enfrentamos en muchos casos son diferentes a las que se encuentran los hombres.

A lo largo de más de veinte años he recopilado las más diversas experiencias de mujeres que han querido triunfar en su carrera profesional, ser reconocidas por su trabajo y alcanzar puestos directivos. Y como yo me dedico a las habilidades de comunicación en el ámbito de la empresa, sentía que tenía que divulgar las herramientas que han permitido a tantas mujeres conseguir sus objetivos. Porque si sabemos manejar nuestra imagen y nuestra capacidad de persuasión e influencia, tenemos mucho más poder.


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P: En tu libro hablas del cambio generacional de los 60, momento a partir del cual las mujeres tuvieron más facilidad para acceder a la universidad. La igualdad de género se fue consolidando, pero ¿qué supuso esta nueva faceta para las mujeres?

R: Supuso entrar en un mercado laboral más cualificado, pero no siempre en igualdad de condiciones. Ni en la empresa ni en casa. Empezamos la doble jornada y supimos lo que era trabajar duro, ser esposa y ser madre a la vez.

Todavía arrastramos esta situación y esto se refleja en el uso distinto que hacemos del tiempo hombres y mujeres. Aunque vamos mejorando, muchos hombres todavía no son realmente corresponsables de las tareas domésticas o de la crianza de los hijos, lo que afecta evidentemente a la proyección profesional de las mujeres. Y es una de las causas del famoso techo de cristal.


«Es muy importante que pactemos con nuestras parejas la dedicación a estas tareas«



P: Las mujeres están más preparadas y son más activas en el mundo laboral que nunca. Sin embargo, todavía falta mucho para igualar el número de hombres en puestos directivos. ¿A qué se debe esta discrepancia?

R: Hay unos factores externos como el hecho de que muchas empresas están dirigidas por hombres y todavía eligen preferentemente a hombres para ocupar puestos directivos. En una visión anticuada de la organización y del liderazgo, todavía hay quien piensa que las mujeres prefieren cuidar de la familia en lugar de ocupar un puesto directivo. Cuando una cosa no excluye la otra. También se piensa que la maternidad significa ausentismo y baja productividad. Los estudios demuestran que no es cierto. 

Otro factor es que, especialmente en sectores muy masculinizados, no hay una suficiente proporción de mujeres en plantilla para que tengan una presencia del 50%. 

Pero no olvidemos los factores intrínsecos en la propia actitud de las profesionales: muchas ni siquiera se imaginan en altos cargos, hay un temor a la visibilidad, al posible conflicto o a destacar más que su pareja.

A esto, hay que añadirle, en muchas ocasiones, un estilo de comunicación que las hace pasar desapercibidas o las mantiene a la sombra de unos hombres más competitivos, ambiciosos y educados para mandar.



P: ¿Se puede solucionar el problema del acceso de las mujeres a puestos directivos si no se soluciona la gestión del tiempo en el hogar?

R: Es difícil. El tiempo que dedicamos al hogar podría ser tiempo para formarnos, para preparar nuevos proyectos, para viajar cuando hace falta, para trabajar en nuestra visibilidad, networking y marca personal.

Es muy importante que pactemos con nuestras parejas la dedicación a estas tareas. Y nosotras tenemos que saber hasta qué punto es importante nuestra carrera. Si la consideramos sólo un sueldo de apoyo a la economía familiar, el punto de partida no es el mismo que si tenemos ambiciosos retos y los entendemos como algo esencial en nuestra vida.
 

«Nos falta hablar más alto y claro, ser más visibles y ganar más autoridad y respeto» 



P: ¿Cuál es el punto débil de las mujeres en el mundo empresarial y qué pueden mejorar?

R: Hay una serie de creencias limitantes que nos acechan, fruto de la educación recibida, de la presión del entorno y de las sutiles (o no tan sutiles) discriminaciones que todavía se dan en la empresa: el síndrome de la impostora (creer que no estás suficientemente preparada y que si te van bien las cosas es por suerte), la idea de que la ambición es mala, el considerar que una mujer firme y resolutiva es “mandona” o “masculina, etc. 

También nos perjudica mucho la idea que tanto se repite de que una mujer que manda “es peor que un hombre” o que “entre nosotras nos peleamos y somos conflictivas”. 

Pero quizás, y fruto de lo anterior, la barrera más importante que tenemos que salvar es el exceso de discreción, la falta de asertividad, rehuir conversaciones complicadas, no negociar mejor nuestras condiciones y salarios… En definitiva, nos falta hablar más alto y claro, ser más visibles y ganar más autoridad y respeto. 

A medida que más mujeres accedan a puestos directivos, se podrá ir implantando otra cultura de liderazgo. Pero de momento, tendremos que jugar en muchas ocasiones conociendo el estilo de comunicación de los hombres para saber cómo reaccionar en cada momento.


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FOTO: Cortesía de Teresa Baró