La poesía es una de las formas artísticas más antiguas de la humanidad y define gran parte de lo que consideramos la cultura occidental. Desde que Aristóteles la analizó por primera vez, la poesía ha sido parte de todos los grandes movimientos artísticos, y hay quien afirma que captura la emoción mejor que cualquier otra forma de arte. Leer poesía contribuye a obtener una comprensión completa del mundo, pero además, tiene muchos beneficios adicionales.

La poesía puede ayudarnos a ser personas más resistentes, felices y tranquilas. Rachel Kelly, autora de Cantando bajo la lluvia: 52 pasos prácticos para la felicidad, que ha sufrido diversos cuadros de depresión y ansiedad ha declarado que cada vez que se siente inestable, recitar poesía la afianza y la conecta con otros que han sentido lo que ella siente en ese momento.

Durante una estancia en un hospital psiquiátrico, en un momento en el que Kelly sufría una crisis de ansiedad, descubrió que la poesía podía ofrecer un enorme consuelo. “Estaba terriblemente ansiosa. Mi madre, que estaba a mi lado, comenzó a recitar algunos versículos de Corintios: “Mi gracia es suficiente para ti, porque mi poder se perfecciona en la debilidad”. Y sentí esas palabras como el primer atisbo de esperanza. Parecía un fragmento de algo positivo, algo a lo que podía aferrarme ”.

Kelly, que relata su proceso de curación a través de la poesía en el libro Arco iris negro: Cómo las palabras me curaron – mi viaje a través de la depresión, describe cómo dos líneas de Invictus de William E. Henley pueden marcar la diferencia en lo que sucederá después: “Soy la dueña de mi destino / soy la capitana de mi alma”. Cuando todo lo que podía oír en su cabeza eran voces negativas, ella podía ahogarlas repitiendo, una y otra vez, pensamientos positivos provenientes de la poesía: frases que dan vida en lugar de agotarla.

Cuando su madre se dio cuenta del poder que tenía repetir palabras a modo de mantras buscó más. “Ella me alimentaba por goteo con pequeñas líneas de poesía; era como una sopa de pollo para el alma”, recuerda Kelly. “Uno de sus poetas favoritos fue George Herbert del siglo XVIII: ” El dolor se derrite / como la nieve en mayo / como si no hubiera algo tan frío. Seguí repitiendo esas líneas, y me deletreaban esperanza: se trata de renovación y renacimiento, y comencé a saber que, como dice Herbert, mi corazón marchito recuperaría su verdor”.  Lo que era tan poderoso, dice Kelly, fue que Herbert describió la desolación, pero también la recuperación.

Rachel Kelly no ha sido la primera en obtener consuelo en la poesía. En 1751, Benjamin Franklin fundó el primer hospital de Estados Unidos, el Hospital de Pensilvania, donde la lectura y la escritura creativa se encontraban entre los tratamientos prescritos para las enfermedades mentales. Freud, Adler, Jung y otros reconocieron el poder curativo de las palabras, y esto condujo a la fundación en 1969 de la Asociación de Terapia de Poesía.

Hay, incluso, evidencia científica de que la poesía cambia la forma en que pensamos. La disposición de la poesía, incluso la más clara, tiene convenciones diferentes a la prosa. Esto presenta un desafío que hace que nuestros cerebros funcionen de manera diferente. La investigación realizada por Philip Davis y el departamento de neurociencia de la Universidad de Liverpool descubrió que los lectores de Shakespeare, cuando se topan con una construcción gramatical inusual pero totalmente comprensible, mostraban un aumento en la actividad neuronal. Estos hallazgos demuestran que la lectura produce sensación de bienestar mental.

El requisito de concentrarse en el momento, además, ayuda a salir de la espiral mental negativa de arrepentimiento por el pasado y de temor ante el futuro, característica de la depresión. De esta manera, la poesía funciona de manera similar al mindfulness, forzándonos a estar en el presente o, como dijo el poeta Robert Frost, es “una estancia momentánea contra la confusión del mundo”.

El trabajo creativo, como la lectura y escritura de poesía, afecta a la la función cerebral en particular, y a la salud en general. La poesía mejora el pensamiento crítico al obligar al lector a pensar y las habilidades desarrolladas a través de la lectura de poesía dan un mayor control sobre el lenguaje mismo. Pero también desarrolla la empatía y nos conecta con otras voces. Como escalón a un amplio mundo de experiencias, la poesía ofrece grandes posibilidades para el crecimiento personal. Y es algo que todos podemos hacer: leer poesía  significa que tenemos otra voz dentro de nosotros que siempre está ahí, una especie de primera respuesta a bordo en momentos de necesidad psicológica.

 

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