El vapor de los cigarrillos electrónicos está aumentando en todo el mundo. En España y otros países cada vez más personas fuman cigarrillos electrónicos. El objetivo: seguir fumando pero de una manera menos dañina.

Sin embargo, varios fallecidos y 450 enfermos en Estados Unidos han hecho saltar las alarmas sobre los riesgos de utilizar cigarrillos electrónicos, o vapers, como popularmente se les conoce. Fatiga, náuseas y dificultad para respirar, que en muchos casos ha derivado en la aplicación de oxígeno suplementario, han sido los síntomas iniciales de esta “epidemia”, como han calificado algunos especialistas esta ola de enfermedades.

Los cigarrillos electrónicos son dispositivos que funcionan con baterías que calientan un líquido y entregan un producto en aerosol al consumidor. Los cigarrillos electrónicos y otros dispositivos de vapeo se desarrollaron para ayudar a los fumadores a dejar su hábito al proporcionar una forma de satisfacer su adicción a la nicotina sin inhalar las toxinas provenientes de la combustión del tabaco. Pero muchos especialistas piensan ahora que los fumadores no deberían recurrir a los cigarrillos electrónicos, y quien no fume no debería vapear.

El estado de Michigan ha sido el primero en prohibir los productos vaper con sabor, al tiempo que investigadores de numerosos estados trabajan en estrecha colaboración con las autoridades en un esfuerzo por descubrir la causa de estas enfermedades. La prestigiosa revista científica New England Journal of Medicine ha publicado el primer estudio sobre esta ola de enfermedades en el que los investigadores advierten que “el aerosol del cigarrillo electrónico no es inofensivo; puede exponer a los usuarios a sustancias que sabemos que tienen efectos adversos para la salud, incluidas partículas ultrafinas, metales pesados, compuestos orgánicos volátiles y otros ingredientes nocivos “.

Este no es, sin embargo, el primer estudio que alerta sobre los posibles riesgos de los cigarrillos electrónicos. En 2018, científicos de las universidades de Yale y Duke publicaron un estudio en la revista “Investigación sobre la nicotina y el tabaco” en torno a los químicos que proporcionan sabor en los cigarrillos electrónicos. Sven-Eric Jordt, uno de los autores del estudio, dijo a The Observer que “los líquidos vaporizados por los cigarrillos electrónicos son químicamente inestables y forman nuevos químicos que irritan las vías respiratorias y pueden tener otros efectos tóxicos “.

Supuestamente los cigarrillos electrónicos contienen menos químicos que los cigarrillos tradicionales, lo que teóricamente los haría más seguros, sin embargo, Jord añadió: “Observamos que los productos químicos, cuando se mezclan durante la fabricación, experimentan rápidas reacciones químicas, que producen muchos más químicos. Hemos descubierto que estos compuestos están en el vapor y son inhalados por los usuarios, algo que no esperábamos. En las pruebas toxicológicas hemos comprobado que son muy irritantes y actualmente los estamos investigando”.

También en 2018, la revista de la Academia Estadounidense de Ciencias (PNAS) publicaba otro artículo sobre los cigarrillos electrónicos. En él los investigadores afirmaban que el humo del cigarrillo electrónico daña el ADN y puede provocar diversas enfermedades, entre ellas enfermedades cardiovasculares, de pulmón o de vejiga.

La F.D.A. (Agencia de Alimentos y Medicamentos de EEUU) ha declarado que un grupo significativo de muestras de líquido de cigarrillos electrónicos utilizado por pacientes enfermos incluía THC y también un químico llamado acetato de vitamina E. Sin embargo, algunos de los pacientes que han caído gravemente enfermos dijeron que habían vaporizado solo productos de nicotina.

El Centro para el Control y la Prevención de las Enfermedades (C.D.C.) de EEUU y algunos funcionarios de salud estatales han recomendado que las personas abandonen vaporizadores de cualquier tipo hasta que se determine la causa del daño pulmonar.

“Parece que todas las semanas investigadores independientes demuestran riesgos adicionales de los cigarrillos electrónicos, declaró a The Telegraph Simon Capewell, profesor de salud pública en la Universidad de Liverpool.