Nélida Jiménez

La música clásica puede parecer fría e inaccesible a los no familiarizados con este género, pero este fascinante mundo, como dice nuestro entrevistado, “nos puede aportar una banda sonora para cada momento de nuestra vida”. La emisión de música clásica en la radio ha evolucionado en los últimos años y de conciertos largos y, en ocasiones difíciles, se ha pasado a una radio más dinámica que nos muestra las múltiples caras de la música clásica y de sus autores. Uno de los responsables de este feliz cambio ha sido Martín LLade, profesional de Radio Clásica (RNE) desde hace 13 años, que con su programa ‘despertador’ Sinfonía de la mañana, ganó en 2016 el Premio Ondas al mejor presentador de radio hablada. Llade

ha estado al frente de las mañanas de Radio Clásica desde 2010, primero con Todas las mañanas del mundo y desde 2014, con Sinfonía de la mañana.

 

Radio Clásica, la emisora de música clásica de Radio Nacional de España, ha tenido un repunte en su audiencia y en 2019 ha alcanzado su máximo histórico. Parte de ese éxito se debe a programas como Sinfonía de la mañana. ¿De qué manera acerca el programa la música clásica a los oyentes?

Básicamente les ofrecemos una guía. Es decir, que no sea sencillamente la música sin más. Por supuesto, la música sin más es maravillosa, pero hay gente que a la hora de aficionarse al vino, por ejemplo, va a bodegas, lee libros, se informa… pues algo parecido tenemos que hacer con la música, decir: ¿Qué significado tiene esta obra?, ¿por qué está escrita así?, ¿qué sentía el autor? y a partir de ahí, el oyente mismo, si se siente interesado, puede pasar de escuchar una música hermosa que no le dice nada a incorporarla a su imaginario. Hay una pieza que te puedo poner como ejemplo, la Sonata para violín n.º 21, K. 304 de Mozart, segundo movimiento, adagio. La escribió cuando murió su madre, que además murió en unas circunstancias tremendas. El fue con 22 años años a París a dar unos conciertos, ella le acompañó y allí enfermó. Ël tenía que cumplir con los compromisos y cada noche regresaba a  la pensión donde estaban sin saber si se la encontraría muerta o no. Al final murió y él no sabía qué hacer con ella. Le escribió al abad de Salzburgo para pedirle que le contara a su padre lo que había pasado, porque él no tenía el valor de escribir la carta a su padre. Y allí dejaría enterrada a su madre, en París. Si tú cuentas esta historia y después ofreces el movimiento los oyentes responden a esto. Así como he escogido un hecho desagradable y triste también puede ser todo lo contrario, por ejemplo, hay una piezas muy hermosas, Morgen, que compuso Richard Strauss y Canción de la noche, canción de la mañana de Elgar, que son regalos de boda a sus esposas el día que se casaron. Son detalles muy bonitos.

¿Cuál es la estructura del programa?

Empiezo contando una historia. La historia va acompañada de música. Introduzco una pregunta con un debate y siempre quiero que la gente me hable un poco de sí misma, de la música que escuchan o de qué significa para ellos olvidarse por unos minutos de las preocupaciones cotidianas, de la política, del coste de la vida… y recrearse con un poquito de belleza, una dosis de belleza, como una dosis de café. Quizá lo mejor del día es el café de la mañana, pues lo mejor es el café de la mañana y también esta música que ha sido compuesta por alguien que no conocía y, de repente, me doy cuenta de que tengo una nueva referencia que me procurar placer, que me procura un momento de evasión.

 

Fachada Radio Nacional

El mundo de la ciencia está lleno de personajes que en su infancia fueron niños inquietos, distraídos, impulsivos, pero sobre todo, muy creativos. ¿Se da una situación similar en el mundo de la música clásica?

Casi todos los compositores a los que adoramos han sido niños prodigio o, cuando menos, aprendieron música muy rápidamente. Tenemos ejemplos de lo más variopinto. La mayor precocidad la encontramos en Saint-Saëns, que ya componía con tres años, algo increíble. Mozart empezó con cinco. Tenemos también a Erich Wolfgang Korngold, que con diez años escribía unos tríos con piano de una madurez que la gente se preguntaba “cómo puede este niño reflejar estas ondas preocupaciones”, esto no es un juego, es algo que se lleva muy dentro, hay que tener madurez, hay que haber vivido muchas cosas para escribir una música así. Luego tenemos todo lo contrario, la gente veterana que no se dio a conocer hasta muy tarde. Janáček permaneció en la oscuridad componiendo piezas corales, hasta que con cincuenta años llegó este señor de la nada, este director coral, y presentó una ópera como Jenůfa y, entonces, descubrimos a un autor de poemas sinfónicos como Taras Vulva, de maravillosas piezas para piano como “Por un sendero fragoso”, música de cámara, cuartetos para cuerda… de repente, se reveló un talento insospechado. Es decir, que tenemos de todo. Hay autores como Duruflé, autor de un maravilloso Réquiem, que si embargo, a pesar de vivir ochenta y cuatro años, solo compuso nueve óperas: él era sobre todo organista. Siempre que busquemos un corsé vamos encontrar una excepción que es todo lo contrario.

¿Qué músico te ha sorprendido y te ha hecho romper ese corsé del que hablabas?

Dvořák. Entré en la música clásica después de la “Sinfonía del Nuevo Mundo”, pero el resto no me gustaba, no sé, se me atragantaba. Con el tiempo empecé a descubrir que tenia una capacidad para engancharte con sus melodías muy parecida a la de Tchaikovsky y entonces indagué en la personalidad y era un hombre muy sencillo, además le gustaban las palomas, una afición curiosa. A veces pensamos en los compositores con esos arranques de ira, como Beethoven o con ese ego tan pagado de sí mismo, como Wagner o Liszt, y este hombre era de una exquisita sencillez. De hecho, cuando lo rechaza una cantante de la cual estaba enamorado, a la que le había compuesto varias canciones, se casa con su hermana. De alguna manera dice estoy amando a alguien que me recuerda a la persona de la que estaba enamorado, y es muy feliz con su esposa. Cuando está en Estados Unidos componiendo el Concierto para violonchelo se entera que su cuñada se está muriendo y entonces introduce una especie de cita en el Adagio, que es una cita textual de una de las canciones que él había escrito para ella.

En el ámbito de la música clásica, como ya has mencionado, ha habido intensas relaciones amorosas que se han visto reflejadas posteriormente en diversas composiciones ¿Cuáles han sido los romances más famosos de la historia de la música clásica?

El más famoso es el de Clara Schumann y Robert Schumann, luego vino el enamoramiento platónico de Brahms, pero Clara no quería estar con otro hombre que no fuera su marido, aunque correspondía de alguna manera a estos sentimientos y cuando se encontraban, con los años, eran como un viejo matrimonio que no hubiera tenido una relación conyugal. También está la famosa amada inmortal de Beethoven, que no se sabe quién es. Y luego hay otras historias: Gustav y Alma Mahler, que cuando se siente desatendida por él se hace amante del arquitecto Walter Gropius, fundador de la Bauhaus. Cuando Mahler se da cuenta encara al amante, pero con civilización, en aquella época todavía existían los duelos, y le dice “prométame que no va a volver a verla” entonces Mahler trata de reconquistar a Alma. Recupera las canciones que ella había escrito, porque él le había prohibido volver a componer, mientras vuelca sus sentimientos en sus últimas obras, la Novena Sinfonía, lo que iba a ser la Décima… La historia de Mahler es muy famosa. Antes he citado, por cierto, la relación de Dvorak con la hermana de su mujer, pero no es el único caso, Mozart también se enamoró de la cantante Aloysia Weber, que le rechazó y se casó con un aristócrata. Pero le dijeron “tenemos otra hermana” y se casó con la hermana pequeña, Constanza, y fueron felices. Haydn se enamoró de una mujer que también le rechazó y se convirtió en monja. Él después se casó con la hermana, pero en este caso la convivencia fue un infierno, de hecho, él tenia un paquete de cartas sin abrir que le enviaba su mujer, y ella tenía un paquete de cartas de él sin abrir en su casa. Tenían tan mala relación, que la mujer cogía las partituras y las utilizaba como molde para hacer bizcochos.

Martín LLade en Radio Clásica

Los relatos que lees en el programa, basados en anécdotas de los músicos, revisten un tono literario que le aportas tú en tu faceta literaria, porque también eres escritor.

Escribí un libro cuando tenía 17 años con el que gané un concurso que organizaba Caixa Galicia, el Premio Rúa Nova de Narraciones Juveniles y dos libros de relatos del programa, y actualmente estoy tratando de mover una novela que tengo escrita. Y escribiendo más cosas. Lo que pasa es que para el programa escribo un relato diario y me roba mucho tiempo de lo que yo quiero escribir para mí, pero supongo que es bueno porque ha dado a conocer mi faceta literaria a los que me siguen, a los que escuchan el programa, lo cual para mí es muy bonito. Ayer mismo encontré un mensaje en Facebook de alguien a quien no conozco, pero que me sigue, en el que decía que se había aficionado a los relatos cortos por mí, que era un género que antes le daba pereza, solo leía novela y ahora se ha vuelto un entusiasta. Y hay anécdotas de todo tipo, por ejemplo, cuando empecé con el programa escribí un relato sobre Sibelius, cómo él vio las grullas con 91 años y le dijo a su mujer “han venido a buscarme, son las aves de mi juventud”. Estuvo todo el día asimilando que se iba a morir y se murió a los dos días. Yo hice ese relato y una seguidora del programa, de Zaragoza, hizo una página recogiendo todos los podcasts con los relatos, los vínculos, las fechas y los títulos. Estuvo cuatro temporadas haciéndolo y un día unas personas le pidieron el relato para leerlo en una boda.

La música clásica tradicionalmente se concibe como algo solemne y sobrio, sin embargo, hay mucha música clásica que es muy alegre e, incluso, compositores que se caracterizan por su carácter humorista ¿A qué compositores destacarías por transmitir su carácter jovial a su obra?

Estoy pensando en Rossini, su música es muy jovial. Él presumía de haber llorado solo tres veces en su vida, lo cual indica que la alegria era algo que impregnaba su obra. Esas tres veces fueron al ver tocar a Pagannini, cuando fracasó su primera ópera y cuando, en una fiesta en bote, un pavo con trufas que él mismo había preparado se cayó al río. También tenemos las bromas de Haydn, que como es bien sabido escribió en la Sinfonía Sorpresa un timbal para despertar a los durmientes en sus conciertos. No es estruendosa, hoy en día no despertaría a nadie, pero en su época era molesta. Anécdotas hay muchas. Te voy a contar una muy divertida. Yo la adorné en el libro. A Emmanuel Chabrier, de la Provenza, se le consideraba un hombre muy ordinario, demasiado franco. Un admirador quedó con él y le dijo, “Mire, le voy dar unas clases, porque su música es muy refinada, pero veo que usted no lo es, y se ríen de usted. Cuando le inviten a comer coma con la boca cerrada, coja el cubierto adecuado y respecto a los temas de conversación, no alce la voz. Si va a casa de aristócratas lo que tiene que hacer es alabar la comida y, en caso de que no sepa de qué hablar, interesarse por la salud de sus anfitriones”. La siguiente vez que va a una de esas comidas en casa de una baronesa, con la lección aprendida, está comiendo y le hablan y le hablan y él no quiere decir una palabra de más, hasta que finalmente está comiendo espárragos y dice: “Estos espárragos están muy buenos, señora baronesa, pero ¿no le dejan un olor extraño en la orina?”.

La anécdota real es que dijo esa frase, yo me inventé todo lo que venía detrás y lo que había antes. Esa es una forma en la cual yo trato mis relatos. Hace poco encontré una crítica negativa en internet, bueno, pretendía ser negativa porque me daba solo una estrella, pero a mí me pareció una crítica maravillosa. Me encanta porque era un piropazo. Dice lo siguiente: El único mérito de Martín Llade es el de ser el creador hasta donde sé de un nuevo género, la Clásica Ficción. Que sea el autor del género Clásica Ficción es algo borgiano, me parece sublime.

¿Qué aporta la música clásica al oyente?

La música clásica aporta todo, es la historia de la humanidad, porque ninguna música tiene tan largo recorrido. Son mil años de historia y sigue viva, aunque un mal llamado concepto de la vanguardia intenta asesinarla, creando músicas muy parecidas, indistinguibles unas de otras, que parecen escritas para unas película de terror. Por fortuna, no todos los compositores actuales son así. La música clásica aporta una conexión como ninguna otra con las demás artes. Con el cine, pensemos en las obras de Prokofiev para Eisenstein, por ejemplo, con la literatura, por supuesto, yo creo que los poemas de Goethe, sin la música de Schubert, por ejemplo, no son tanto, imagínate, una obra maestra y duplicar su valor, o en la pintura, hay una relación muy estrecha entre la pintura y la música clásica, es decir, no solo porque se hayan inspirado unos en otros, pero cuando escuchas por ejemplo, a Fauré, a Debussy, a Ravel y obviamente a Satie, están evocando un París pictórico muy determinado de finales del XIX y principios del siglo XX. y con las demás artes

Te voy a proponer diferentes situaciones y estados de ánimo para que sugieras una obra musical para ese momento, por ejemplo, para comenzar la mañana.

Para comenzar la mañana voy a recomendar las sintonía del programa [risas] que es Cyrano de Bergerac, de Jean-Claude Petit. Mira, estoy pensando en Máscaras y y Bergamascas, de Gabriel Fauré. No quiero caer en lugares comunes, como La mañana, de Grieg. También cualquier concierto del clasicismo.

Para un momento de relajación.

Satie, es muy introspectivo. Lo es también Chopin y Federico Mompou, un compositor catalán extraordinario que nos ofrece momentos de recogimiento como pocos. Y si escuchas, por ejemplo, la música coral de Arvo Pärt, también los tiene. O John Tavener.

Para una situación de tristeza.

Alegria. No asocies tu tristeza a una música, luego la vas a odiar. Escucha el segundo movimiento del Concierto para piano, número 23, de Mozart, es melancólico pero tiene algo que ayuda a sobreponerse contra la adversidad.

Y, finalmente, para disfrutar la belleza de la música.

Bach