Nélida Jiménez

Manuel Rivas, es periodista, poeta y escritor. Y también una persona crítica y comprometida con su entorno. Premio Nacional de Narrativa por su libro ‘Que me queres, amor?’, que inspiró la película ‘La lengua de las mariposas’,’ ha obtenido también el premio de la Crítica por tres de sus obras, entre ellas El lápiz del carpintero’, que ha sido igualmente llevada al cine. Manuel Rivas fue el encargado de pronunciar la conferencia inaugural del XIII Congreso Nacional de APIA (Asociación de Periodistas de Información Ambiental), celebrado en Madrid el 27 y 28 de noviembre. Con su mirada poética y su actitud rebosante de compromiso, abrió el congreso alertándonos de la continua expansión de la “bioperversidad”, e invitándonos a indagar, en este gran incendio que es el cambio climático, quiénes son los causantes del fuego.

 

Cada vez leemos más noticias relacionadas con la contaminación ambiental y el cambio climático. ¿Cual es la situación en este momento?

Estamos en una situación en la que los climatólogos, los científicos más serios, que antes se pronunciaban con más cautela o presionados, quizá, por los organismos oficiales, o por los Estados, ya dicen que estamos inmersos en un dilema, que sería  intentar reequilibrar la tierra, una tierra desestabilizada, sin postergación ninguna y con medias radicales que están bien enunciadas para terminar con las emisiones y el efecto invernadero. O vamos a eso, o al hothouse earth, la tierra invernadero, que sería invivible y para decirlo de una forma expresiva, la casa en llamas. Ese rubicán tiene una fecha, además dicho con prudencia, que sería a mediados de este siglo.

 

¿Cómo se está reaccionando a esto?

Hay que frenar esta locomotora y lo preocupante es que hay muchísimos intereses. En un planeta dónde está sacralizada la palabra crecimiento, se impide, a veces, la toma de medidas reales, escudándose en que la voluntad de la gente es seguir consumiendo. No se pueden tomar medidas para que pare la fiesta, la fiesta, sobre todo, para algunos. Eso es desde el lado de la bioperversidad, que va acompañado de posturas más groseras, como el negacionismo, que debería ser tratado como un delito. Debería haber un tribunal internacional que tratase este tipo de criminalidad ecológica. Si están en riesgo ahora mismo 1 millón de especies. Si en 50 años habrá desaparecido un 75% de las aves en Europa y en Norteamérica. ¿qué pasa? ¿no hay una responsabilidad sobre eso? ¿No son cohabitantes? ¿No tienen unos derechos? Y lo mismo podemos decir de los bosques. Entonces, frente a la bioperversidad, hay una toma de conciencia, la mirada ecologista va amplíandose porque afecta ya a todo. La mejor respuesta sería recuperar una cultura de la solidaridad transfonteriza y, sobre todo, que atienda, que escuche, no solo a las personas, sino también a la naturaleza y a los más vulnerables.

 

¿Crees que los ciudadanos somos conscientes de lo que se nos avecina?

Creo que, aparte de la gente concienciada que viene alertando de todo esto y que viene dando señales, sí se percibe que el medio ambiente ya forma parte del sentido común de la gente más joven, pero sería necesario que fuera una materia troncal en la educación, no un suplemento. Como dijo David Foster Wallace en un memorable discurso, esto es el agua. ¿Qué es el agua?. El agua es una metáfora de la vida, que debería impregnar toda la educación. Se debería enseñar a pensar de otra manera, a mirar de otra manera y también a crear de otra manera. Hacer que fermente esa empatía con lo que Lorca llamaba la otra mitad. La gente que tiene empatía con la naturaleza tiene empatía con todo. Es lo primero. La gente que no siente el dolor de la naturaleza difícilmente siente dolor por todo lo demás.

 

¿La abundancia de información con la que contamos actualmente nos ayuda a ver mejor el problema?

Es importante que se hayan empezado a ver estas cuestiones como cruciales, porque está en juego nuestra vida. Aunque los procesos de cambio cultural y de información son procesos normalmente lentos, pero es importante que haya pasado de lo marginal a ocupar un lugar central, en eso que llamamos la agenda informativa. Hoy no es extraño que en primera página aparezcan los temas medioambientales, pero parece que lo nos ha pasado es una catástrofe sobrevenida no se sabe cómo. Echo de menos más información intencional. Hay mucho contenido presuntamente neutro. La información tiene que ir a la raíz de las cosas. Además de describir lo que pasa tenemos que preguntarnos por qué pasa. Eso es fundamental. Y si hay un incendio tenemos que preguntarnos por qué hay ese incendio y de dónde viene el fuego.

 

¿Por qué la palabra activismo tiene tan mala connotación?

También la tiene la palabra compromiso. Creo que interesa mucho a la bioperversidad. Es una batalla prioritaria para aquellos que se benefician del capitalismo fósil, esta forma de economía que nos lleva al colapso. Se lidia una batalla por el control de las mentes. Entonces molesta el periodismo no convencional, el periodismo crítico. Las posiciones no conformistas molestan y se trata de neutralizarlas con falsas asociaciones de significado. Lo contrario de estar activo es desactivarse. Estar vivo es estar activo y escribir es una forma de activismo, el activismo de las palabras, el activismo de la libertad. Cuando se cuestiona el periodismo intencional, lo que se busca es amedrentar y silenciar.

 

¿Qué es exactamente la bioperversidad de la que hablas?

Sería el contrapunto a la biodiversidad. Es la práctica de la guerra contra la naturaleza de muchas formas. Bioperversidad es la deforestación. Bioperversidad es la emisión de gases invernaderos, que siguen en crecimiento, no lo olvidemos. Bioperversidad es provocar daños. Bioperversidad es implantar el monocultivo, allí donde hay diversidad. Bioperversidad son las granjas cárceles. Bioperversidad son modos de transporte que suponen un despilfarro absurdo. Bioperversidad es también consumir más de lo necesario. Bioperversidad es alimentar a la sociedad con alimentos perjudiciales. Creo que podríamos hacer un retrato de la bioperversidad en contrapunto a la biodiversidad, y eso resultaría ilustrativo si pensamos en la educación.

 

Cuando hay tantos intereses en juego, el lenguaje que se utiliza puede resultar confuso para el ciudadano. ¿Debería estar alerta sobre el lenguaje que se utiliza en los medios?

Claro, porque las palabras también sufren de contaminación, de intoxicación, se les roba el sentido. Hoy se dice mucho lo verde, lo sostenible. Hace poco leí sobre una empresa de armamento que tenía una crecimiento sostenible y era armamentística [ risas], cuando la palabra sostenibilidad está asociada a medio ambiente. Siempre hay en el mundo de hoy formas de embellecimiento de lo que es poco presentable, al igual que los corruptos utilizan mejoras de reputación en internet, también hay estas maniobras mediante eufemismo para disfrazar, con un decorado de cartón piedra, lo que es impresentable.

 

Los ciudadanos tienden a blindarse ante los mensajes alarmistas, pero ante una situación como la que estamos viviendo ¿podemos quedarnos parados o debemos actuar?

Lo peor que podemos hacer es quedarnos parados si hay un incendio o, si hay una catástrofe, meternos en nuestra concha, como un molusco asustado. Es verdad que no puedes estar alerta las 24 horas del día porque te volverías loco, la gente se moriría de angustia, pero sí estar alerta, estar despierto y estar activo y activa. En estos casos, debemos recuperar espacios de encuentro, de esperanza, espacios de civismo, que también han sido destruidos, por la bioperversidad. La bioperversidad se caracteriza por el conformismo, entonces, recuperar esos espacios de encuentro, de ayuda mutua, de escucha, nos hará sentir mejor a todos. Incluso un poco de humor irónico puede desactivar el mal humor ambiental.