Nélida Jiménez


Sorprendentemente, no hay tantos libros en los que la naturaleza sea un elemento principal. Hay libros pedagógicos, libros de viajes, libros de grandes naturalistas… pero libros en los que el entorno natural juegue un papel relevante a través de toda la trama, escasean. Por eso, la aparición de Toletis, del periodista y escritor Rafa Ruiz, fue una grata sorpresa, no solo para los lectores infantiles, sino también para los adultos, porque los buenos libros se dirigen a cualquier lector. O como decía C.S. Lewis: “Me inclino por establecer como norma que una historia infantil que sólo disfrutan los niños es una mala historia infantil. Las buenas historias perduran». 

Desde las primeras líneas, las historias de Toletis sumergen al lector en un mundo rural y mágico del que es difícil desapegarse, el del inquieto e imaginativo protagonista, sus amigos, Tutankamón y Claudia, y su perro Amenofis. A Toletis, que tuvo muy buena acogida, le siguió Toletis: Cuatro estaciones y Toletis y Claudia, libros que no solo rescatan el valor del medio natural, sino que están impregnados de humor, de aventura, de escenas tiernas y emotivas, que harán volar tu imaginación y te invitarán a pensar.


Los protagonistas tienen una estrecha relacion con la naturaleza ¿Qué te llevó a ese tema?

Yo nací en un pueblo que ahora tiene 10 habitantes, en la frontera de Burgos con Cantabria… Las Merindades, se llama la comarca. Aunque yo solo viví en el pueblo los dos primeros años de mi vida, siempre he pasado los veranos allí con mis abuelos, así que es algo que me sale de manera natural. Me viene de sangre, porque además todos mis antepasados han sido agricultores, ganaderos y del mismo valle. 

El primer libro lo escribí porque tuve un esguince de hombro. Ahora ya no, pero entonces te inmovilizaban 30 días. Me pilló allí un verano y dije: «¿Ahora qué hago?» Y me dediqué a escribir todas las tardes, sin ánimo de publicar. Me pasé todas las tardes escribiendo, junto a mi abuelo que tenía entonces 90 años.

Yo, que soy periodista de medioambiente desde los años 90, creo que hasta hemos elegido mal el término medio ambiente y el término entorno, porque no se trata del ambiente, ¡es que somos nosotros! Y hablar de la naturaleza… ¡es que nosotros somos naturaleza! De hecho estoy dedicando las últimas semanas a pensar un término que sustituya a entorno o a medio ambiente… imagínate mi ambición… porque creo que es equivocado.

En los periodos en los que más estresado o más triste he estado, donde más placer encuentro es paseando por la naturaleza, lo que ahora llaman baños de bosque. Pero sigo pensando que está todo equivocado, porque no es que nosotros nos acerquemos a la naturaleza, es que somos naturaleza. Se trata de restaurar lo que somos.

Y, sin embargo, estamos empeñados en darle la espalda a la naturaleza. En las ciudades talamos árboles, echamos cemento a la tierra… Tratamos de eliminar el rastro de la naturaleza ¿Es saludable?

No, claro que no. Hay muchos estudios que prueban que la gente vive más feliz y más sana en entornos en los que hay árboles. También hay ahora una tendencia a renaturalizar las ciudades, no solo a conservar la naturaleza en las ciudades sino también a meter la naturaleza en las ciudades, con más parques, con más huertos, con más árboles, todo lo contrario a lo que está pasando, por ejemplo, en Madrid. Leí hace poco que Londres es el primer lugar del mundo que se está planteando tratar la ciudad como si fuera un parque nacional. Es decir, gestionarlo con los mismos principios de relación con la naturaleza que se aplican en los Parques Nacionales. Es lo que te decía antes, dividir entre espacio urbano y espacio natural no tiene sentido. Tiene que estar todo conectado, como ha querido hacer Vitoria. Meter la naturaleza en la ciudad. Pero no porque sea más saludables, es que somos nosotros. La tierra tiene más de 4.000 millones de años y en los últimos 100 años hemos introducido cambios radicales, desde vivir en ciudades a la luz artificial. Eso lo notamos ahora en alergias, en estrés y en muchas enfermedades. Y es normal, si algo se ha creado hace 4.000 millones de años y en 100 años le hemos dado la vuelta no es de extrañar que nos veamos un poco desvirtuados y confundidos. Entonces, no es que la naturaleza sea más saludable, es que nosotros somos naturaleza.

Rafa Ruiz y la naturaleza
Rafa Ruiz, autor de Toletis


Defines los libros de Toletis como «realismo mágico-ecologico» para niños de 7 a 107 años…

Yo llamo a Toletis y Claudia «realismo mágico-ecologico», porque nunca sabes si son los niños los que se imaginan ese mundo, pero la parte más bonita de estos cuentos, yo creo, es que la naturaleza es su amiga. Es una parte más. Es un amigo más. Y ellos son amigos del viento, de la nieve, de la niebla, juegan con ellos, se escuchan mutuamente… No es que valoren la naturaleza, es que es un amigo mas de la pandilla.  

Todas las cosas que salen en Toletis acaban en 7, porque es un número mágico para muchas culturas. Y es hasta 107 porque, salvando todas las distancias del mundo, es como Alfanhuí, de Sánchez Ferlosio, o El Principito, cuentos que no son para niños. Todos tenemos una parte de niños y lo bueno es no perderla nunca. Toletis está dedicado a esa parte de niños que todos tenemos desde los 7 años y hasta que tenemos 107 años.

Como mencionas, confundimos la madurez con reprimir nuestro niño interior. En tus libros, en cambio, se reivindica la imaginación.

Se reivindica la imaginación, se reivindica la sabiduría de las personas mayores, se reivindica los pueblos, se reivindica estar tranquilos, la pausa, hacer las cosas despacio, darle tiempo al tiempo… En la naturaleza no se mete prisa, la naturaleza necesita sus tiempos. Esa idea aparece con frecuencia en Toletis. Hay un juego, no recuerdo en qué libro sale, que muestra que hay muy pocas cosas que podamos hacer más deprisa. ¿Sabes qué cosas no podemos hacer más deprisa? Dormir, por ejemplo. Te puedes dormir antes o después, pero una vez que te duermes no lo puedes hacer más deprisa para acabar antes. Esa idea aparece con frecuencia en Toletis. Porque eso es otra cosa que hemos apartado también, darle tiempo al tiempo.  

También aparece reflejado en tus libros la importancia de la memoria. ¿Por qué son tan importantes para el ser humano los recuerdos?

En uno de los libros ellos dicen que les encanta el pasado, porque es volver a vivir de nuevo algo sin el estrés de tener que cambiarlo. Ellos viven continuamente en una mezcla de pasado presente y futuro, lo mezclan. Siempre he entendido la vida y el paso del tiempo como un bucle, que es un concepto que está ahora de moda: la economía circular y el reciclaje, Vuelvo a decirlo, es algo natural. Hay expresiones que detesto, como «pasar página» o «usar y tirar». Es como la idea de la economía lineal. Nosotros no vivimos en una línea, vivimos en un bucle. Yo diría que más que una circunferencia es una espiral, vamos hacia adelante, volvemos hacia atrás, y el pasado y los recuerdos nos ayudan a entender mejor el presente y a planificar el futuro. Yo creo que olvidar el pasado es cometer siempre errores.

¿Cuándo publicas tu próximo libro?

En otoño, es el cuarto libro de Toletis. Se titula Toletis y las jirafas, porque es una fantasía que tiene Toletis: llevar jirafas a su pueblo. Un pueblo del norte de España, ¡con jirafas! Claudia le tiene que quitar la idea de la cabeza. Algo que me gusta es que Claudia ha ido ganando protagonismo. Están en igualdad. Claudia a veces representa la tierra, como las mujeres, que viven mucho más con los pies en la tierra. Toletis tiene fantasías y Claudia, a veces, se las tiene que quitar de la cabeza. En este libro también me gusta que el propio escritor se convierte en un personaje más. El escritor va a visitar a los niños, y los personajes y el escritor quedan en el mismo plano de igualdad. Puede sonar a esos escritores que dicen que los personajes han adquirido tanta entidad que ya son ellos los que deciden las cosas, pero es que es verdad. Cada libro son doce cuentos y yo no parto de un esquema preconcebido de lo que van a hacer. 

Otra cosa que también está pasando es que cada vez hay más diálogos, tanto que en el tercero practicamente no hay narrador. En el primer libro está omnipresente el narrador, en el segundo menos, pero en el tercero son todo diálogos y en el cuarto se convierte en un personaje más del libro. Es un reto que yo tenía, porque odio esos libros en los que el narrador dice no solo lo que hacen los personajes, sino lo que tú tienes que pensar de los personajes. Lo ideal es que llegues a conclusiones por cómo actúan. Yo escribo los libros cuando ellos me piden salir del cajón, cuando tengo necesidad y cuando ellos dicen: «¡Oye, que tienes que contar nuestras historias! «

¿Cómo ha sido la recepción de los tres libros de Toletis?

Ha sido muy buena. Los dos primeros se han usado en colegios, sobre todo en Galicia, y hay gente que ha venido a conocerme porque son fans de Toletis. Por eso me animo a seguir escribiendo, porque gustan y porque los personajes me piden que cuente más aventuras. Además, cuando escribo me lo paso muy bien. Otra cosa que me dice la gente, aparte de que a los que han vivido en pueblos les lleva a su infancia, es que les tranquiliza. La mayoría me dicen que les gusta leer uno al día antes de irse a dormir, porque entran en un mundo más amable.



Fotos: Nélida Jiménez