Donde haya tinieblas es la tercera novela de Manuel Ríos San Martín, un thriller ágil y ameno que engancha al lector desde la primera página. Guionista de series como Médico de familia o Colegio Mayor, y director de cine y televisión, Manuel Ríos San Martín ha encontrado el placer de sumergirse en la escritura de novela negra para plantear reflexiones sobre temas que para él son importantes, al tiempo que entretiene, y mucho, al lector.

¿Cómo surgió Donde haya tinieblas?

Fui a dar una conferencia a Ávila en torno a mi anterior libro, La huella del mal y después de la conferencia fui a la catedral. En el claustro había un gran panel sobre la historia del ser humano  y la historia de la religión. La historia del ser humano hablaba de la Prehistoria y, en paralelo, cómo la Biblia refleja la Prehistoria, que sería el Genesis. Cuando lo vi pensé: «¡Anda! La huella del mal», porque mi anterior novela trata de la Prehistoria pero también hay una interpretación religiosa de la época. Entonces empecé a darle vueltas al hecho de que si mi anterior novela trataba del origen del mal casi como algo biológico, podía volver a tratarlo, pero esta vez desde un punto de vista religioso: qué ocurre cuando el concepto de religión entra en una sociedad, el concepto de pecado, de culpa, pero también el concepto de perdón o de castigo, y con todo eso empecé a elaborar una trama. 

En tu novela anterior el Génesis aparece de una forma más colateral y aquí juega un papel central en la trama. ¿Qué es lo que tanto te atrae del Génesis?

Si te fijas, en la anterior novela hay una conversación a la salida de una iglesia en la que está precisamente el germen de  Donde haya tinieblas, pero yo no he sido consciente hasta después. Cuando he releído La huella del mal para otros temas he visto una escena que era en cierta forma el germen de la siguiente. Yo creo que en mi cabeza ya estaba este tema y el panel lo despertó. Es un tema que me ha interesado desde siempre. No tanto el Génesis en sí mismo como la religión y la simbología religiosa.

No hay que ser religioso para preferir la venganza al perdón, lo vemos en twitter todos los días.


Tu novela es un thriller pero te remontas a épocas prehistóricas para hablar de un tema muy vigente, al mismo tiempo que planteas un debate moral. 

Sí, a mí me gusta que mis novelas planteen algo más. La novela negra se queda muchas veces en las peripecias, en que pasen cosas, en descubrir quién es el asesino y a mí lo que me divierte es que haya algo más. La parte policiaca es la que engancha al lector, que quiere saber quién ha sido y qué ha pasado. Y mientras está enganchado con eso, yo intento hablarle de los temas que a mí me importan, como el hombre prehistórico y qué nos hace humanos, que es la pregunta de La huella del mal, la empatía, la violencia… A mí no me basta con que la trama policiaca sea entretenida, yo necesito algo más, y para eso necesito documentarme, necesito leer, necesito hablar con mucha gente y por eso el proceso es tan largo. Y luego tengo que plasmarlo en la novela de tal manera que no se note que hay un proceso de documentación, sino que los personajes estén tan implicados en ese tema que salga de una manera natural cuando hablen de cualquiera de esos asuntos.

La novela es muy realista, pero el personaje tiene comedia. Hay personas en la vida que tienen comedia.


En tus novelas se nota ese gran trabajo de documentación. ¿Cómo te preparas antes de comenzar a  escribir?

En La huella del mal conocí a la gente de Atapuerca, y uno de los directores, Bermúdez de Castro, me asesoró. En el caso de Donde haya tinieblas parto de mi interés por el tema religioso. Tengo bastante conocimiento y bastante vinculación a la temática religiosa y, por otro lado, mi mujer es restauradora de arte, así que en mi vida cotidiana tengo relación con estos temas. Además, he hablado con un sacerdote marianista, Diego Tolsada. Me ha ayudado mucho a pensar en las dos visiones que hay en la Iglesia, una visión más reconciliadora, que habla más del amor, y otra visión que habla más del castigo, de la culpa, que no puede dejar el mal sin castigo, que es una frase que me impacta mucho. No hay que ser religioso para preferir la venganza al perdón, lo vemos en twitter todos los días. Estas dos dicotomías, que existen en la religión, y que existen en el ser humano me ayudaron a centrar temas más concretos que necesitaba para la novela.


Es un thriller que al mismo tiempo tiene un tono humorístico ¿Cómo surgió esta idea?

Surgió, no puedo decir que de casualidad, pero sí de una manera sorprendente, porque no lo tenía pensado. Normalmente, cuando tengo la estructura lo que hago es escribir del tirón lo que me salga. En La huella del mal escribí 80-90 páginas del tirón y aquí me senté a escribir el arranque y me salieron 40 páginas. Y me salió con comedia el personaje, con más de la que creía, yo pensaba que podía tener algo y me salió mucho más. Al hacerlo desde una voz interior, está narrado desde la cabeza del inspector Martínez, de cincuenta y tantos años, boomer, una educación más religiosa… Me salió con ese tono de comedia y recuerdo que le mandé las páginas a Planeta un poco preocupado, pensando «¡un thriller con cierto tono de comedia!»… La novela es muy realista, pero el personaje tiene comedia. Hay personas en la vida que tienen comedia. En la editorial les gustó muchísimo, y me dijeron, «sigue por ahí» y yo pensé «sí, 40 páginas está bien, pero 500…», y sin embargo creo que funciona bien. Al comienzo, en el que hay una escena un poco más dura, me daba miedo que el lector no entrase porque estaba sonriendo con temas en los que estaba pensado el inspector, pero me di cuenta que sí, se lo dejé leer a algunos amigos y sí. En el momento en que la historia se vuelve seria el personaje se pone serio y funciona bien.  Y la parte policiaca de thriller también funciona bien.

El inspector es un personaje inmerso en circunstancias que pueden ser cercanas para muchos lectores: padre de familia que lidia con las responsabilidades profesionales y familiares, y con el reto de convivir con las generaciones más jóvenes. Y a todo eso le aporta su toque de humor. Es un personaje con el que el lector puede empatizar fácilmente. ¿Te has planteado hacer una saga? 

Las sagas son difíciles porque las editoriales solo te animan si es un superventas de éxito mundial. Ahora mismo, por la temática a la que estoy dándole vueltas, no pueden ser los mismo personajes, pero no descarto que pueda volver a ellos más adelante, porque me han gustado mucho los dos personajes y me lo he pasado muy bien escribiendo esta novela. Pero yo creo que no volveré de manera inmediata.

Me daba un poco de miedo, porque tocas algo sagrado: la Virgen de un pueblo, que es algo muy importante para ellos.


Eres también guionista. ¿Repercute esta faceta en la escritura de tus novelas?  

En la falta de tiempo (risas)…Sí, repercute en varios aspectos. Por un lado los guionistas no podemos aburrir. Los novelistas viven la literatura desde otro punto de vista. No digo que sea mejor o peor, pero sí es verdad que en mis novelas cada escena está por algo, avanza algo. Eso lo trabajo mucho para que en ningún momento te puedas aburrir. Creo también que la naturalidad de los diálogos se consigue más fácilmente si eres guionista, sobre todo si eres director. Yo también soy director de series y de cine, y el trato con los actores te hace ser muy exigente con los diálogos, porque cuando el diálogo es un poco literario te dicen » es que esto no sé como decirlo» y lo lees y dices «es verdad». En la literatura te puedes permitir un poco más de margen en la elaboración de los diálogos, pero ser director te ayuda a entrelazar los diálogos y a dar información de una manera muy natural. Si entiendes bien las diferencias entre los medios te ayuda bastante. Además, ésta es mi tercera novela, así que también ha habido un aprendizaje.

La historia transcurre en varios pueblos de España. ¿Cómo han acogido en estos lugares la novela?

En el pueblo que más peso tiene en la historia, la ermita de la Virgen del Ara (Fuente del Arco, Badajoz), fenomenal. A mí eso me preocupaba un poco, porque hay personajes mejores y peores, al igual que en la novela anterior, que transcurre en torno a Atapuerca. Pero aquí me daba un poco de miedo, porque tocas algo sagrado: la Virgen de un pueblo, que es algo muy importante para ellos. Yo me documenté sin decirles nada, porque no quería que me influyeran. Tenía  contacto con ellos y fui de medio incógnito a verlo, conocí a un par de personas del pueblo y a partir de ahí la cosa se disparó. Me invitaron e hice una viaje maravilloso. Fletaron un autobús, visitamos los lugares de la novela y terminamos con un acto en el ayuntamiento, firmando libros. La verdad es que fue de las cosas más divertidas que he hecho como escritor y pude comprobar que les había gustado mucho. Entendieron perfectamente la separación entre ficción y realidad.

¿Nos puedes dar alguna pista de tu próxima novela?

Todavía no te puedo decir mucho, pero el tema del mal en el hombre es lo que más me atrae: buscar otro punto de vista para ver dónde reside el mal, intentar entenderlo y ver cómo intentar aplacarlo. La ciencia, la religión, la evolución, la naturaleza… siempre están presentes en los temas que me interesan en mi vida cotidiana, así que es muy posible que de una manera radicalmente distinta vuelva a tocar estos temas que son importantes para mí.    


FOTO: Cortesía de Manuel Ríos San Martín