Nélida Jiménez

Las temperaturas se disparan. Hemos vivido el verano más caliente de las últimas décadas y el mar ha alcanzado temperaturas récord desde que hay registros. Conscientes de la necesidad de cuidar el planeta los consumidores compramos, cada vez más, productos sostenibles y respetuosos con la naturaleza. Pero las empresas se han dado cuenta de este cambio en el consumo y muchas han decidido explotarlo. Por eso, algunas marcas presentan una imagen «ecológica» que no se corresponde con la realidad. Esta estrategia de marketing en la que las compañías crean una falsa imagen de «responsabilidad ecológica» es lo que se denomina greenwashing.

En el marco de Organic Food Iberia conversamos con Montse Escutia Acedo, Secretaria General de la Asociación Vida Sana y Coordinadora del proyecto Red Ecoestética en torno al greenwashing en la cosmética y en el mercado en general, una acción que afecta negativamente a las empresas comprometidas con el medio ambiente, pero también a los consumidores.

El greenwashing, además de ser una falsedad, ¿crees que transmite una idea errónea de que se está trabajando más por el medio ambiente de lo que en realidad se está haciendo?

El greenwashing genera mucho ruido. Creo que ahora se tiene la sensación de que todo va mucho mejor, cuando el problemas es que todo el mundo se apunta al carro. Incluso nosotros nos apuntamos al carro. Desde la Administración también hacen un poco de greenwashing, porque es todo muy rimbombante, dicen «estamos haciendo esto y aquello» y a la hora de la verdad no se está haciendo suficiente. Creo que estamos en un momento de tanta urgencia que no nos podemos permitir este juego. Realmente tenemos que hacerlo todos mucho mejor.

¿Cuál es tu balance sobre el greenwashing en la cosmética?

Cada vez hay más empresas que ofrecen productos ecológicos, cada vez hay más consumidores  concienciados, pero el greenwashing les está haciendo mucho daño. Hay empresas que llevan mucho tiempo picando piedra, abriéndose mercado, dándose a conocer…Muchas veces estas empresas más pequeñas están tan ocupadas en hacer bien esta cosmética que su presupuesto se lo gastan en hacer buena cosmética, no en hacer publicidad. Eso nos tiene que hacer reflexionar a los consumidores. No quiero que te gastes el presupuesto en hacer grandes campañas de televisión, gástatelos en que los ingredientes sean buenos. Pero el problema es que entonces la gente no las conoce. Así que tenemos un nicho de pequeñas y medianas empresas, que están creciendo y son muy valoradas, que han hecho el esfuerzo de irse a Francia a Alemania o Inglaterra, porque allí sí que los valoran, empresas, incluso, que cultivan una parte de su materia prima: caléndula, árnica, lavanda… y el público en nuestro país no lo sabe apreciar. Entran a algunas grande superficies y encuentran que venden marcas «verdes» y «ecológicas» que realmente no lo son, pero  lo venden a un precio muy barato y eso hace mucho daño. 

Montse Escutia de Vida Sana

Las personas queremos quedarnos tranquilas y no vamos más allá. No pensamos que no puede ser que una cosmética que vale 5 euros sea ecológica y natural, y si lo es hay algo que falla. Evidentemente los productos ecológicos y naturales son más caros que los que vienen de la industria petroquímica, y eso tiene un coste. Por mucho que seas una gran empresa, o no estás pagando lo justo o, como en el caso del textil, algo falla. Hay que pagar el precio justo.

¿Cuál es nuestra cultura como consumidores?

A veces no sabemos utilizar las cosas. Quizá también menos es más. Queremos un champú y queremos que haga mucha espuma. Pues si hace mucha espuma no va bien. Y no pasa nada si no hace mucha espuma, te está lavando igual. O quizá no deba poner mucho champú, sino un poco. En un producto ecológico quizá el envase es más pequeño, porque con menos cantidad ya es eficiente. Lo otro a veces es todo agua, a veces nos venden agua, estamos pagando el agua y creemos que es barato y es caro.  Esta cultura no la tenemos como personas consumidoras. No es que a la gente le dé lo mismo, es que estos mensajes a los consumidores no nos llega. Y como no nos llega pensamos que vale todo. Y esto está haciendo mucho daño a las empresas que lo hacen bien, porque se pone en la misma balanza cosas que no tienen que ver una con otra. Y ahí es donde nosotros (Asociación Vida Sana) intentamos picar piedra, transmitir, estar en todos los espacios, estar en todos los foros, generar toda esta información para que el consumidor esté cada más informado.

En la alimentación todavía hay mucha confusión pero el consumidor está más consciente nos llegan mejor los mensajes, pero en cosmética no, porque al final los que tienen dinero para hacer campaña no lo hacen tan bien.

¿Cómo es el impacto de la nanotecnología en la cosmética?

Hay dos sectores principales: uno es el de los protectores solares, en el que hay una cierta complicación, Los protectores convencionales usan principios activos químicos, que pueden tener efectos negativos en la salud, y es mejor evitarlos. Por eso, en la cosmética ecológica natural se usaban pantallas físicas, que son el dióxido de titanio y el óxido de zinc: me lo pongo encima, me protege y no penetra en la piel, pero es como arcilla, me unto y me quedo blanco. Y la gente no quería eso, quería una crema que se expandiera bien, y para eso han tenido que ir recurriendo a tamaño de partículas más pequeño. Pero sí es cierto que se han mejorado muchas fórmulas. No es que si no te pones blanca es nanotecnología, no. Ha evolucionado mucho. En la Norma BioVidaSana no puedes usar dióxido de titanio y óxido de zinc en forma de nanopartículas, porque no está muy claro si penetra en la membrana celular por el tamaño. 

El otro sector es la cosmética decorativa. Si entras en muestra web verás un artículo sobre dónde está la nanotecnología en la cosmética, y verás que se usa cada vez más, porque es una forma de encapsular los ingredientes para que penetren mejor en la piel y accedan a la célula. Pero, ¿yo quiero eso? A mí me da un poco de miedo. Si a mí me funciona una crema hidratante econatural, para que voy a usar un producto que no sea ecológico. Y hay otro aspecto. Tenemos que estar bien, pero para eso come bien, haz deporte, respira aire sano.

A nivel psicológico nos importa mucho la apariencia de la piel. Cuidémosla. Y cuando hayamos hecho todo eso acudamos a la cosmética. Me tengo que poner hidratante, pero ¿tiene que ser una hidratante que me estire la piel y parezca que tenga 20 años menos?¿Tiene sentido? ¿Estoy dispuesta a arriesgarme a que dentro de 20 años descubran que esos ingredientes que han penetrado la piel y han ido directamente a la células y provoquen un daño? Porque cuántas cosas no ha habido que nos han dicho que no había problema y luego sí han ocasionado problemas. Y cuando esas partículas tan pequeñas llegan al agua, ¿qué pasa? ¿Qué pasa con los peces, con la fauna acuática, con el mar? ¿Eso no nos lo planteamos? Un organismo sabe degradar un aceite, pero una nanopartícula que ha sido encapsulada en el laboratorio quizá no haya organismo que lo degrade. Eso se va acumulando, y luego quizá me va a venir a mí, desde el medio ambiente. Creo que a veces nos ponemos como locos… que no digo que la nanotecnología sea mala, porque en medicina puede ser muy eficaz, pero para tener la piel más lisa, cuando a lo mejor si me cuido y como mejor quizá la vaya a tener mejor. 

¿Tenemos trastocada nuestra escala de valores?

Yo a veces me planteo esas cosas, nos han vuelto consumidores, consumidores, consumidores… y no nos han enseñado a plantearnos, ¿qué necesito? ¿qué priorizo? ¿qué consecuencias tiene ese consumo por mi parte? Hay muchas cosas que están muy bien pero que a lo mejor no son necesarias, y más en el campo de la cosmética. No nos han enseñado que la gente me va a ver según como yo me vea, y si me veo bien la gente me va a ver guapa, aunque no me haya puesto pintalabios.  Está todo trastocado, estamos inmersos en una inercia consumista. Hay que darle la vuelta a todo eso, pero no interesa. 

Te puede interesar:

Fotos: J. Luis Esquivel/Unsplash, N. Jiménez